La ley de la oferta y la demanda llega a Cuba por las ventas de garaje

Los particulares venden de todo, nuevo o usado, y a mejor precio que en el comercio formal

Venta de garaje en La Habana. (14ymedio)
Las ventas de garaje viven una explosión desde su autorización formal, hace tres meses. (14ymedio)

Ropa, zapatos y pequeños electrodomésticos, pero también tomacorrientes, un tornillo, ganchos de pelo, aretes, silicona, una planta ornamental, una cachimba antigua y hasta una guía telefónica de antes de 1959. Cualquier cosa se puede encontrar en las ventas de garaje, que, desde que fueron autorizadas por decreto por el Gobierno, el pasado 20 de julio, están proliferando por toda la Isla.

"En Cuba todo es vendible porque no hay nada", dice a 14ymedio una compradora de Centro Habana que se ha vuelto cliente habitual de este tipo de comercios.

Ante la escasez de productos en el mercado en moneda nacional –zapatos y ropa son cada vez más inencontrables en pesos cubanos– y los dólares que no todo el mundo puede pagar en las tiendas en divisas, por no hablar de los precios estratosféricos que alcanzan ciertos productos en páginas como Revolico, las ventas de garaje, donde se ofrece el género a un menor costo, se han convertido en una alternativa económica y cómoda para muchos cubanos, sobre todo los más desfavorecidos.

Iris, una vendedora que montó, junto a sus primas, un comercio en un garaje familiar, cuenta a este diario: "Aquí en Centro Habana la gente está aprovechando cualquier pedacito: puede ser el zaguán, al lado de una escalera, un rinconcito en un solar e incluso locales vacíos, y ya se ha formado toda una cadena comercial".

Las ventas de garaje viven una explosión desde su autorización formal, hace tres meses, como parte del paquete exprés de medidas para apaciguar los ánimos tras el 11J

En ese mismo barrio, 14ymedio contó, en un simple paseo, siete establecimientos de este tipo.

Aunque existían desde hace años en Cuba –especialmente desde que el Gobierno prohibió, en 2013, la venta de productos importados en tiendas privadas, que se surtían de las mulas y sus viajes a países como México, Panamá o Rusia–, las ventas de garaje viven una explosión desde su autorización formal, hace tres meses, como parte del paquete exprés de medidas para apaciguar los ánimos tras el estallido del 11J.

Entonces, las autoridades establecieron que, aunque no se necesitaría licencia comercial ni estar dado de alta como trabajador por cuenta propia, sí haría falta tramitar un permiso ante el Consejo de la Administración Municipal, con un costo de 50 pesos. Semanas después, el 12 de agosto, el Gobierno "actualizó" la norma y eliminó dicho permiso.

Los requisitos, eso sí, seguían siendo estrictos: que los artículos a comercializar fueran de uso doméstico y personal –usados, seminuevos o nuevos– y que la transacción se realizara en garajes, portales y otras áreas residenciales de manera que no se obstruyera el tránsito. Prohibida la reventa de productos presentes en el mercado racionado o en moneda libremente convertible, como artículos de aseo o comida.

Sin embargo, las carencias acucian y hay leyes que ni 62 años de control absoluto del Estado pueden doblegar, como la de la oferta y la demanda.

"Hay que tener mucha precaución con las cosas que uno exhibe, porque evidentemente ellos no son tontos y vienen y te pueden acusar de venta ilegal"

"Por aquí circula de todo", asegura Iris de otros vendedores como ella. "Incluso los artículos de aseo que dan en la bodega, de marca Daily o Lis, que son de mala calidad". Esto, dice, "no hay quien lo controle" porque aquí se ve "la imperiosa necesidad que tienen los cubanos de artículos básicos".

Un ejemplo es el tabaco, tan difícil de conseguir que genera ansiedad y agresividad en las colas cuando se ponen a la venta en algún comercio estatal. En una de estas ventas, podían conseguirse cigarrillos H.Upmann con filtro a 160 pesos y sin filtro a 140. La dueña del negocio simplemente tenía a la vista un paquete abierto sobre el mostrador. "Si aparece algún inspector, le digo que soy fumadora y que es mío", explica a este diario bajo condición de anonimato.

Augusto, otro vendedor de garaje de Nuevo Vedado, añade estrategias para burlar las multas. "Hay que tener mucha precaución con las cosas que uno exhibe, porque evidentemente ellos no son tontos y vienen y te pueden acusar de venta ilegal". Así, por ejemplo, si uno tiene varios relojes a la venta, sólo puede mostrar uno.

"Estas son cosas que hace mucho tiempo la humanidad las inventó, pero en este medioevo comercial que vivimos aquí, es como un acontecimiento"

Se le nota contento a Augusto con la autorización de estas transacciones. A él y a su familia, que tenían varios negocios privados relacionados con el turismo, la pandemia los dejó bajo mínimos, así que hallaron una salida en la venta de sus enseres personales, en algunos casos a muy buen precio. Este fin de semana, en concreto, le está yendo muy bien. "Mato hasta el aburrimiento de estar trancado en la casa", confiesa.

No solo en la capital están aumentando este tipo de negocios. En Santa Clara, Lucrecia cuenta: "Mi casa tiene un portal y está cerca del parque Vidal, así que entre varias amigas hemos montado al menos tres ventas de garaje". La primera vez, refiere, tenían muy pocas cosas: "unos trapitos de cocina que hizo mi abuela, algunos cables y piezas de viejas laptops que reunimos entre todas, zapatos usados, ropa que no nos poníamos", pero para la segunda, se prepararon mejor y recogieron de todo entre sus parientes. "Hasta una pequeña bicicleta de niño vendimos", dice. "Esa vez recaudamos más de 2.000 pesos".

Otra de las ventajas de este tipo de transacciones es la flexibilidad que ofrecen al cliente a la hora de pagar, pues hay comerciantes que permiten reservar un artículo si no se dispone de dinero en ese momento.

De las ventas de garaje también se aprovechan otros comercios formales. En La Habana Vieja, los dueños de una panadería situada en una esquina desventajosa dividieron el local, y en una mitad siguen vendiendo pan, merenguitos, maní molido, y en la otra, ropa, zapatos, llaves de paso, tijeras, cerraduras y todo un infinito arsenal.

"Así tan en el fondo estamos", dice resignada la compradora de Centro Habana. "Estas son cosas que hace mucho tiempo la humanidad las inventó, pero en este medioevo comercial que vivimos aquí, es como un acontecimiento".

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